jueves, 12 de noviembre de 2009

necesidades

Una necesidad básica, como el comer, como el beber, como el reír, como el llorar, es sentirse querido, hoy estoy un poco ñoñita... pero prometí no volver a caer, así que hoy me siento como aquellos osos amorosos, necesito un abrazo, aunque sea virtual. El fin de semana se preve intenso, obra de teatro infantil y otra para adultos el sábado, que servirá de terapia, ya que me han prometido que reiría mucho, iré, de momento sola, pero iré (lo prometo). Actuación el domingo, nos dirige una rusa...con un carácter... cómo lo diría de una manera sutil?...ruso, también terapia...

sábado, 7 de noviembre de 2009

todo por la pasta

Me gusta el fútbol, si, aunque solo como entretenimiento de una tarde-noche de sábado si juega el Barça o España.
Si se para la liga porque los jugadores extranjeros no quieren pagar sus impuestos, que se pare, que más da! O sin ellos se pararía el mundo, no, no se pararía, existen otras cosas, hay deportes igual o incluso más sacrificados que el fútbol que a nadie les importa. Gente que de una manera desinteresada sacrifica sus fines de semana haciendo viajes relámpago para jugar un partido. Y el resto de la semana trabajan como tú y como yo.
Como decía mi suegro, el fútbol debería ser amateur. Se acabaría con tanta tontería.

lunes, 2 de noviembre de 2009

en un tiempo lejano


Viernes 30 de octubre, 8:45h despega el vuelo destino Barcelona.
Cuando hube leído todos los folletos leíbles del sobre del asiento delantero (las líneas aéreas ya no ofrecen diarios ni cacahuetes con los que pasar el rato) cerré los ojos, imaginé a los habitantes del tiempo anterior a los Wright, un tiempo en el que si no se tenía carro y mula que lo remolcase, no se podía ir muy lejos. Me intenté meter en la cabeza de alguna mujer de aquel tiempo, un tiempo en el cual el transporte no pasaba precisamente por subir a un avión y estar en el otro lado del charco en 30 minutos. Seguramente me hubiesen quemado en la hoguera cual bruja, al ver ese montón de hierro levantándose por los aires.

Escribiendo esto, recuerdo a mi abuela, que se ponía una peseta en la palma de la mano derecha para no marearse.
Si Ícaro levantase la cabeza...